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La voluntad

por drdanielhuertas Email

¿Qué es la voluntad?
Cuando hablamos de “voluntad”, nos estamos refiriendo a una alta capacidad del ser humano, que no podemos encontrar en los animales. Es una función intelectiva que se localiza preferentemente en el lóbulo frontal del cerebro, la parte más característica de la especie humana. Cuando desconectamos el lóbulo frontal, bien sea quirúrgicamente o por la acción de psicofármacos, perdemos la capacidad de ejercer nuestra voluntad. Algunas enfermedades mentales graves cursan también con una disminución de la capacidad volitiva y todas estas circunstancias son eximentes de la culpabilidad judicial.
Los actos que son fruto de nuestra fuerza de voluntad requieren de un aporte claro de energía, para luchar en contra de una tendencia natural contraria. Dejar de fumar o cuidarse la dieta, son ejemplos de actos conscientes contrarios a una determinada tendencia natural. No cabe decir “fumo porque quiero y esa es mi voluntad”, porque tendríamos que poder dejarlo de hacer libremente y en cambio no somos capaces de ello. Muchas veces preferimos autoengañarnos y decirnos a nosotros mismos que somos plenamente dueños de un determinado hábito o conducta porque no queremos reconocer nuestra debilidad. Para ejercer nuestra fuerza de voluntad, necesitamos de una clara imagen mental de lo que perseguimos y de la energía suficiente para mantener el foco de esa imagen. Pensemos por ejemplo en un ejército bien organizado. Todos los eslabones del mando están bien coordinados y las órdenes se expanden por el ejército sin freno hasta llegar a su realización. La estructura es clara y responde con determinación, sin obstáculos. Pues del mismo modo, para el ejercicio de nuestra propia voluntad necesitamos que nuestro mundo interior sea claro y esté bien ordenado.
La fuerza de voluntad por sí sola no nos garantiza un desarrollo armónico. Alguien, por ejemplo, con mucha voluntad y poca inteligencia, obtendrá sus frutos probablemente con gran esfuerzo y tal vez no consiga lo que realmente hubiese necesitado. En cambio, alguien con gran voluntad e inteligencia, pero sin amor, puede llegar a cometer actos atroces, de los que la historia guarda tristes memorias. Así, posiblemente, fuerza de voluntad, inteligencia y amor deban ir acompasadas para conseguir lo mejor que podemos pretender de nuestras vidas.

¿Puede enseñarse a tener fuerza de voluntad?
Todas las funciones altas del ser humano pueden y deben cultivarse. E inversamente, su ausencia de cultivo no sólo no garantiza su desarrollo sino que augura su atrofia. Pero para que la fuerza de voluntad pueda desarrollarse de manera sostenida, se requiere de un conjunto de condiciones. Los jóvenes muchas veces, para desespero de sus padres, parecen no tener la voluntad necesaria para encarrilar sus vidas. Los adolescentes, por ejemplo, atraviesan períodos de gran tormento y desequilibrio en muchas facetas. En ellos vemos que la fuerza de voluntad no puede a menudo ejercitarse porque existe desorden en muchas otras áreas, como un ejército mal organizado. El insistir sobre su desidia o su falta de determinación no soluciona el problema. El someterlo a fuertes disciplinas tampoco. En esos momentos de desequilibrio, hay que acercarse a su sufrimiento y suministrarles otros valores altos que suplan su falta de interés por la vida. Los padres deben enseñar con el ejemplo, que siempre ha sido la forma más simple y eficaz de trasmitir valores altos. La sociedad de consumo tiende a hacer desaparecer los valores del ser humano que se conquistan con fuerza interior y nos muestra un mundo en donde todo puede adquirirse con dinero. Nos podemos transformar en tal o cual personaje con sólo ir vestido como él o tener una casa o un coche como él. Los mensajes de la sociedad de consumo no van encaminados al desarrollo del mundo interior, porque ahí nada puede comprarse ni venderse. Los padres también están inmersos en la sociedad de consumo y piensan que si le compran tal o cual cosa a sus hijos, conseguirán interesarles por la vida y por su propio desarrollo. Pero dejarse llevar por esa tendencia actual impide que se forme adecuadamente en la mente del joven la estructura que le permitirá desarrollar su voluntad. Y si tenemos alguna posibilidad de conocer la felicidad, probablemente sea cultivando nuestra fuerza de voluntad, nuestro amor y nuestra inteligencia, cada día, en cada acto. La fuerza de voluntad permite conquistar la libertad, y si la libertad es un concepto cercano a la felicidad, no hay duda que la capacidad de ejercer nuestra propia voluntad es un requisito indispensable para conocer la plenitud.