El respeto

por drdanielhuertas Email

¿Qué es el respeto?

Etimológicamente, respeto viene del latín “respicere” que significa “volver a mirar algo”, “mirarlo por segunda vez”. Es una actitud por la que conferimos a una persona o un objeto, un espacio propio, no contaminado por nosotros mismos, como si quisiésemos dejarlo respirar abiertamente. Tanto el temor como la veneración nos conducen a gestos en apariencia similares de respeto, aunque en un caso el guía sea el miedo y en el otro la libertad.
Posiblemente el respeto, la honestidad y la responsabilidad sean elementos necesarios para que exista una convivencia armónica entre las personas, independientemente de las leyes escritas del lugar o de los tiempos. Estaríamos por lo tanto hablando de conceptos altos del ser humano y es posible que si indagamos un poco, acabemos viendo cómo se relacionan los unos con los otros. Tal vez el respeto sea el eje central de la moral, la base a partir de la cual se sustenta el aparato que nos permite vivir con nosotros mismos y los demás, como si necesitáramos en todo momento de un estado mental segundo, de una segunda mirada sobre la realidad para abrir el espacio que nos hace libres.
En estos tiempos, estamos viendo cómo los maestros son maltratados por sus alumnos y sus padres y cómo los médicos también reciben agresiones de sus pacientes y familiares. Cuando la falta de respeto estaba sobre todo dirigida hacia la clase política, muchos la veían como una manifestación de la libertad de expresión. Pero parece que con los grandes valores del ser humano no cabe jugar a medias tintas, pues las consecuencias pueden luego ser imprevisibles. Una sociedad que aprende a no respetar a sus dirigentes, a sus maestros y a sus médicos está manifiestamente enferma y conviene saberlo para buscar un remedio inteligente. Vivimos en una época en la que los valores del individualismo están sobredimensionados, como si el hombre independiente fuese el principio y el final de toda expresión de libertad. El éxito individual, la libertad individual, el bienestar individual son valores al alza que acaban construyendo un hombre que pierde el contacto consigo mismo y con los demás. Tal vez la entelequia del hombre individual deba volverse a plantear, pues díganme, ¿Quién ha nacido sólo, espontáneamente, sin otros que le antecedieran?

¿El respeto puede enseñarse y aprenderse?

El respeto es un valor alto del ser humano y necesita ser cultivado con energía, como todo en la vida. El respeto engendrado por el miedo se mantiene por la agresividad de quien inspira ese respeto. Pero el respeto nacido de dentro del ser también requiere de energía positiva que hay que aportar. ¿Pero por dónde empezar? ¿Y si empezáramos por lo más simple y cercano? Tal vez debamos entonces dirigirnos hacia nosotros mismos y preguntarnos si estamos respetando nuestra propia vida, en el sentido más amplio posible. Centrémonos en ese concepto. Tenemos un cuerpo, un legado, una existencia, unas posibilidades, una vida. ¿Hemos tomado conciencia de ello? Y si hemos tomado conciencia de ello, ¿Estamos actuando de forma responsable con respecto a lo que nuestra conciencia ve? Ahora, por el camino del aprendizaje del respeto nos hemos encontrado con nosotros mismos, como primer eslabón en donde ejercitar el respeto. Y buscando el respeto hacia nosotros mismos hemos encontrado la responsabilidad, como nuevo concepto. Hablemos ahora de la responsabilidad. ¿Podemos hacernos responsables, durante el tiempo suficiente, de algo que no amamos? Intentemos contestar con sinceridad. Podemos hacernos responsables de cualquier cosa durante un rato. Pero cargar con una responsabilidad seria hacia algo o alguien para quien no sentimos amor resulta un tanto imposible, en la práctica. Así que ahora ya tenemos una relación que une al respeto hacia los demás, al respeto hacia sí mismo, a la responsabilidad y al amor. ¿Pero entender eso es suficiente para ya ser una persona respetuosa consigo mismo y con los demás? Pues evidentemente no, pues nos falta otro ingrediente, que es la energía de la voluntad; la tenacidad, el tesón, la fuerza sin la que no podemos concretar ningún objetivo. Estamos viendo que voluntad, amor, responsabilidad y respeto tienen un mismo hilo conductor. No podemos aprender el respeto sin ser responsables y no podemos ser responsables el tiempo suficiente sin estar ligados por el amor ni tampoco podemos hacer que todo ello cuaje si no le damos nuestra energía.
La conquista del respeto hacia uno mismo sea probablemente un requisito para acceder la propia libertad y a la alegría de vivir. Es importante que enseñemos a hijos y alumnos a tomar conciencia de sus propias habilidades y dones y a actuar en consecuencia, pues siguiendo ese camino propio es como tendrán más posibilidades de alcanzar la plenitud.

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